Con Antonio Ortiz Béjar ayer en la Pista del Polígono
Carta abierta a mi amigo Antonio Ortiz Béjar, con motivo de su jubilación
Querido Antonio:
Tras más de 21 años coincidiendo varias veces por semana en la Pista de
Atletismo del Polígono, hoy te escribo estas líneas porque, sencillamente, te
voy a echar de menos. Quiero agradecerte de corazón tu inmenso trato humano y
esa disposición constante para atenderme, siempre dispuesto a facilitar el uso
del poco material que aún sobrevive en la instalación.
Tú y yo hemos sido testigos directos de cómo esta pista, que nació
totalmente equipada para la alta competición, se ha ido desmantelando poco a
poco. Hemos visto cómo el material volaba hacia la pista de la Escuela de
Gimnasia (hoy "Fernando Fernández Gaitán"): de las 80 vallas
originales apenas quedan 30, y nos quedamos sin escalera de jueces, pesos,
testigos o jabalinas. Incluso nuestra colchoneta de altura fue cambiada por la
de Toledo, en un claro agravio comparativo.
Recuerdas bien, Antonio, que nuestra pista sigue en una situación irregular
y sin homologar por la RFEA. Aquella "media renovación" que vivimos
no fue más que un parche: se cambió el sintético de las calles, pero se dejaron
los pasillos de saltos y la media luna de altura tal cual estaban, limitándose
a pintarlos para que no "cantara" la diferencia con el material
nuevo. Todo ello a falta tan solo de una jaula de lanzamientos para cumplir la
normativa.
A esto se suma el abandono actual, como esa torre de iluminación junto a la
salida del 100 ml que lleva apagada desde principios de enero de 2025, a pesar
de que el Concejal de Deportes tiene constancia de ello. O el triste recuerdo
de aquel 28 de marzo de 2010, cuando el vandalismo calcinó la colchoneta de
pértiga; una pérdida que, tras tres lustros, sigue sin reponerse,
imposibilitando esta modalidad en nuestro barrio.
Como bien sabes, tanto Fernando Rey como yo hemos insistido ante las últimas
corporaciones municipales. Presentamos decenas de propuestas de mejora para la
pista y el circuito de cross, pero te has marchado a tu merecida jubilación sin
verlas cumplidas.
Sin embargo, no quiero perder la esperanza. Espero poder llamarte algún día
no muy lejano para decirte que, por fin, lo logramos.
Te deseo una feliz jubilación, Antonio. Ojalá pronto te reencuentre
entrenando, como antaño te veía por la Senda del Tajo o recorriendo esta pista
del Polígono que tanto nos duele, pero que espero ver pronto remozada. Porque
quiero creer que, al final, nuestras peticiones serán atendidas.
Un fuerte abrazo,
Aurelio Gómez Castro